Primera Traducción Completa de la Biblia


Existieron períodos en la historia de la humanidad que la Biblia fue desconocida para miles.
 
Pese al uso general del hebreo, arameo y griego en sus respectivas épocas, desde los albores del cristianismo siempre existió el deseo de ver traducida la Biblia a los idiomas de otros pueblos. Se sabe que las primeras traducciones parciales se hicieron al latín, lengua oficial del Imperio Romano.

Sin embargo, no fue sino hasta las postrimerías del siglo IV cuando el Papa Dámaso I confió a su secretario, el historiador Jerónimo de Estridón, la tarea de elaborar una traducción oficial y completa de la Biblia al latín. Esta decisión fue tomada durante el Sínodo de Roma, en 382, en el cual se estableció una lista de los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento que formarían parte de la Biblia, tal como la conocemos ahora.

Jerónimo era un investigador exhaustivo y brillante, por lo que no se conformó con revisar las versiones latinas ya existentes, sino que recurrió a los originales en hebreo, arameo y griego, para lo cual se trasladó a Oriente.

Con la colaboración de rabinos judíos logró, después de 21 años, elaborar lo que hoy conocemos como Vulgata (latín: del vulgo o del pueblo), por haber sido popularizada en el idioma que, en aquella época, era común a todos.

Estracto de la Biblia Vulgata Latina

Esta traducción fue utilizada hasta casi finales de la Edad Media. Sin embargo, cuando el latín cayó en desuso y ya se habían comenzado a consolidar otras lenguas en el continente europeo, perdió su efectividad, ya que incluso los propios monjes católicos habían descuidado el uso de dicho idioma, a causa de la adopción de los nuevos que ya habían tomado forma.

Es así que durante nueve centurias, el acceso a las Sagradas Escrituras –es decir, su lectura- fue un privilegio del que sólo gozaban los jerarcas eclesiásticos y sacerdotes de la Iglesia Católica, quienes dominaban esta lengua, y unos pocos estudiosos, no así el resto de personas, incluidos los fieles.

Además, es preciso destacar que en el Medioevo la mayoría de la gente no sabía leer, lo cual abarcaba gran parte de la nobleza y algunos monarcas. En primer lugar, por la imposibilidad –literal- de acceder a los textos, ya que la transcripción de libros -a falta de imprenta, que aún no había sido inventada- estaba a cargo de amanuenses, por lo que su producción era lenta y reducida.

En segundo término, el “conocimiento”, en general, estaba vedado a la población, según los lineamientos de la Iglesia Católica de aquellos tiempos, y la mayoría de bibliotecas, si no su totalidad, se concentraban en templos y monasterios. Esto cambió con la invención de la imprenta y el despegue cultural que propició el Renacimiento.

Por las razones antes descritas, la Iglesia Católica se vio obligada a recurrir a otros medios para inculcar la Palabra de Dios, entre ellos el arte de la imaginería y los retablos, así como las impactantes estructuras y diseños arquitectónicos de los templos,  con sus vitrales, pinturas y asombrosos efectos de iluminación, cuyas manifestaciones más notorias llegaron a la cima con el estilo gótico y se recrearon en el Renacimiento. Otra forma de transmitir el mensaje cristiano era el teatro, mediante el cual se representaba pasajes bíblicos.

*Fuentes Consultadas: ¡Abramos la Biblia! Una Introducción a la Palabra de Dios. Mary Batchelor. Sociedad Bíblicas Unidas. Biblias Raras y Hombres Famosos, artículo de Jorge Julio González, editor de la bibliaweb.com

Anuncios

2 comentarios en “Primera Traducción Completa de la Biblia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s