Del Exilio a la Luz


Aunque 1569 y 1602 fueron años de regocijo, pues era la primera vez que se tenía la Biblia completa traducida al castellano, para Casiodoro Reina y Cipriano Valera también significó la persecución, por parte de los jerarcas de la Iglesia Católica de aquel entonces, cuyas penas iban desde la encarcelación e inenarrables formas de suplicio, hasta la muerte en la hoguera.

Ambos monjes eran parte del claustro observatorio del monasterio de San Isidoro del Campo y compañeros de fe, pero su apego al protestantismo, que incluía la lectura e interpretación de la Biblia, los obligó a huir de España, donde la implacable Inquisición había puesto precio a sus cabezas. Con el posterior estudio de la historia es de todos conocido que, desafortunadamente, este tribunal cometió serios agravios entre la población que no era afín sus creencias.

La huída provocó que, tiempo después, sus esfinges fueran quemadas en la hoguera, así como todos sus escritos, entre ellos la traducción y revisión de las Sagradas Escrituras, que fueron incluidas en el llamado “Índice de los Libros Prohibidos” –Index Librorum Prohibitorum– y por lo mismo se les declaró heresiarcas, es decir, jefes de los herejes.

En su angustioso periplo, ambos religiosos llegaron, por fin, a Ginebra, donde los esperaba un escritor protestante español y también perseguido, Juan Pérez de Pineda. Sin embargo, lo que Reina vio en esta ciudad no le agradó, pues los creyentes refugiados pasaban por tribulaciones, además de la condena a muerte de Miguel Servet, y la rigidez religiosa lo llevó a afirmar que “Ginebra se había convertido en una nueva Roma”.

Por lo anterior, en 1558 Casiodoro Reina viajó a Frankfurt y de allí a Inglaterra, donde Isabel I, recién ascendida al

Casiodoro Reina

trono, concedió libertad de culto reformado. En Londres, con autorización de la monarca, estuvo a cargo de la iglesia Santa María de Harás, y le fue asignada una pensión de 60 libras. Allí se casó con la viuda de un médico francés.

Sin embargo, al cabo de un tiempo fue acusado, falsamente, por el rey español Felipe II, apoyado éste por la Inquisición, de graves faltas de carácter moral y teológico, así como de sodomía, difamación que, sin duda, buscaba menoscabar su influencia y creciente solidez espiritual.

De Inglaterra se trasladó a Amberes, donde vivió escondido en la casa de Marco Pérez, un relevante calvinista. Durante los siguientes tres años anduvo errante entre Frankfurt y Heidelberg, el sur de Francia, Basilea y Estrasburgo. Debido a las falsas sindicaciones que le impidieron estar al frente de iglesia alguna, se dedicó al comercio de libros y sedas, pero sin descuidar la traducción de la Biblia.

En 1578, Casiodoro Reina viajó a Inglaterra para comparecer ante el tribunal eclesiástico londinense y así quedar libre de los falsos cargos, donde tardó un año en probar su inocencia. Esto le permitió volver a ejercer su misión de pastor nuevamente, a pesar del acoso de los calvinistas, de quienes, a causa de su carácter conciliador, logró finalmente ganarse su amistad. Sin embargo, en 1585, tropas españolas tomaron Amberes, ciudad cercana a Bélgica, y expulsaron de allí a todos los protestantes.

Ya en Basilea, Suiza, y como fruto de su inquebrantable voluntad, Reina concluyó y pudo publicar, en 1569, la traducción al castellano de la Palabra de Dios, que con tanto sacrificio y determinación había llevado a cabo. Los líderes cristianos y el concejo municipal de esa ciudad habían apoyado su labor con firmeza, y como muestra de gratitud Casiodoro Reina dedicó un volumen de su edición de las Sagradas Escrituras a la Biblioteca de la Universidad de Basilea.

Cipriano Valera.

El nombre oficial de la truduccion fue, en ese entonces, “La Biblia que es, los Sacros Libros del Viejo y Nuevo Testamento/Trasladada en español, 1569” hoy conocida como la Biblia del Oso y más tarde daría origen a lo que hoy conocemos como La Versión Reina-Valera.

La primera edición constó de 2,600 ejemplares, y en 1581 se cree que se imprimieron otros 1,600. A muchos de estos últimos, con el propósito de que no fueran confiscados por el Tribunal del Santo Oficio y así facilitar su distribución, se les cambiaron las portadas por la del célebre diccionario de Ambrogio Calepino.

En los siguientes años otras reimpresiones de la Biblia continuarían saliendo a la luz, pero se iban actualizando las portadas, lo que explica por qué existen algunos con el falso pie de imprenta “Frankfurt 1602”, “Frankfurt 1603” y “Frankfurt 1622”, ya que no correspondían a una nueva edición sino a la misma, original. No obstante, a pesar de todos estos obstáculos, que incluyeron la quema de varios ejemplares por parte de la Inquisición, los que se salvaron de ese destino se agotaron. Continúa

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