De la Duda a la Fe


…y deje de ser la alumna lenta que necesitaba palitos y cubitos para creer.

En este mes judíos y cristianos celebran La Pascua. Una conmemoración de gran significado para ambas civilizaciones; leyendo sobre la misma en el evangelio de Juan, me hizo meditar que, aunque millones alrededor del mundo rememoran La Muerte y Resurrección de Jesús, la duda de los hechos aun está presente.

Juan 20: 24-27 que se titula: “La Incredulidad de Tomás”,  nos relata el escepticismo de este discípulo de Cristo: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. (Juan 20:24-27, versión Reina Valera 1960).

Fácil sería para mi criticar la actitud de Tomás, pero, yo me incluía en su grupo; por varios años el conmemorar la Pasión de Jesucristo, se reducía a ver las representaciones de la misma y gozar el descanso que se tiene en mi país, Guatemala.

Y sin acusar o señalar a nadie, tal vez, seas miembro del club de los escépticos; de los que quieren pruebas, los que como millones a través de los siglos, han dicho como Tomás, hasta no ver no creer.

Quizá, has visto la Crucifixión de Jesucristo y su Resurrección como una interesante historia o durante este tiempo meditas en ella, pero luego, continúas tu vida y vuelves a recordarla al año siguiente.

A muchos les gusta ver las palabras de Jesús, como un regaño a la incredulidad de Tomás, cuando Él le dice: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado”, pero yo creo, Cristo, como buen maestro, estaba retando la incredulidad de un alumno lento en la Fe, de la única manera que se hace con un escéptico: ve y  toca.

El pasaje no nos relata si Tomás lo hizo, pero sí que exclamó: ¡Señor mío, y Dios mío!, claro reconocimiento de Jesús como Su Salvador.  Más vale tarde que nunca, dirían algunos y ese fue mi caso.

Finalmente, un día reconocí que la Pascua era algo más que una conmemoración religiosa, fue el momento en que el sacrificio del cordero perfecto me trajo a la libertad.

Sé que Jesús no repetirá la lección que le dio a Tomás, sin embargo, dejo un reto para todos los escépticos o no: “Y le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

¡Qué mayor reto quieres! Estás dispuesto a creer o aun quieres ver y tocar. La lección no se repite, me dije hace tiempo y… así, pase de la duda al camino de la Fe y deje de ser la alumna lenta que necesitaba palitos y cubitos para creer.

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4 comentarios en “De la Duda a la Fe

    • Roxana B. Sánchez dijo:

      Es una expresión chapina, que usamos en son de broma en Guatemala, cuando decimos que un alumno, ya en un nivel alto de estudios, no comprende algo que es muy fácil y entonces necesita que se lo expliquen como que fuera un niño de kindergarden.

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