Ella Busca a Jesús por Fortaleza


Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad: Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote. (Evangelio de San Marcos, 5:25-31, versión Reina Valera 1960).

¡Doce años! ¡Doce años! Es decir 4, 380 días con su 24 horas, ¡Cuánto habrá sufrido! piensa Ella.  Cada mañana cuando se levantaba  la enfermedad estaba ahí y al acostarse también.

El sufrimiento físico podía verse en Ella, estaría palida, quizá tendría anemia,  su animo estaría decaído y a pesar de esto debía levantarse y cumplir con sus responsabilidades. El dinero que ganaba lo usaba para buscar una cura, sin embargo, ninguno de los médicos la había encontrado.

Cuántos tratamientos dolorosos habría pasado sin ningún resultado, quizá solo para empeorar. Cuántas veces se habrá dicho: ¡ Esta vez sí ! pero ese azote seguía ahí.

El azote en la antigüedad era un “instrumento de suplicio formado con cuerdas anudadas y a veces erizadas de puntas, con que se castigaba a los delincuentes”[1], se le consideraba un instrumento de tortura, en cada golpe las puntas afiladas desgarraban la piel  hasta que, quizás la arrancaran.

Este azote no era solo físico, sino cultural. En Levítico 15:25 leemos: “La mujer que tenga una hemorragia durante varios días, fuera del tiempo de su menstruación, será considerada impura”, el pasaje agrega que todo lo que ella tocará era inmundo, así que nadie quería estar cerca de ella, ni siquiera de su casa.

Es así que esta mujer debilitada física, emocional y mentalmente, oyó de Jesús. De su fragilidad salió una  fe vivificadora en el Hijo de Dios. Su desfallecido cuerpo se abrió paso entre la apretada multitud.  Abatida se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”.

Cuán grande era su fe que un toque fulminante la vivificó, inmediatamente, el flujo paró. En pocos segundos su endeble cuerpo ya no lo era más. Tal fue la fuerza que el Señor se dio cuenta que había salido poder de Él  y preguntó: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

La fortaleza que ahora experimentaba esta mujer le daba no solo el vigor físico, sino el valor para enfrentar a todos. Su cuerpo temblaba de miedo, se arrodilló, ante el único que vale la pena hacerlo, se atrevió a contar los 12 años de sufrimiento. ¿Cómo se habran sentido todos los que estaban ahí? Quizá se preguntaron: Me habrá tocado, piensa Ella, al continuar la lectura de este pasaje bíblico.

Sin embargo, esta mujer ya no tenía miedo, encontró no solo su sanidad, sino la fortaleza para empezar una nueva vida, ya no sería inmunda, su fe la había salvado. Quizá ahora podría formar una familia, tener hijos, ya no sería despreciada. El azote ya no golpearía su cuerpo y vida. Su Salvador en segundos le había cambiado el resto de su existencia.

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4 comentarios en “Ella Busca a Jesús por Fortaleza

  1. Rita Avendaño dijo:

    Realmente cuando uno lee, no se da cuenta del milagro que el Señor hizo en ella, esto porque no lo hemos sentido…¡¡¡¡Gracias a Dios!!!! Pido que el Señor tenga misericordia de nosotros…que así sea. Sin embargo, sí tenemos otros dolores, otras penas, las cuales pasamos no solo por uno o dos o quiz tres años, sino por mucho más tiempo. Pidamos al Señor la fortaleza que necesitamos para seguir y no desmayar, aunque hayamos pasado durante un período de dolor, sabemos este no es para siempre. Aunque a veces lo sentimos así. Dios te bendiga XOXO

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