El Intelectual y la Fe


“Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Evangelio de San Juan 1:45).

Estas palabras fueron dichas por el apóstol Felipe, uno de los valiosos hombres que compartió con Jesús durante los tres años de Su ministerio en la Tierra.

Felipe siempre ha llamado mi atención, pues, al momento de oír el llamado de Jesús y tomar la decisión de seguirle no lo hizo solo;  busco Natanael, para que este conociera al Señor. En un breve mensaje evangelizador le  dijo a su mejor amigo que las escrituras se habían cumplido.

Con este conciso mensaje Felipe había resumido la enseñanza más importante de las Escrituras: La venida de Jesús para la salvación del mundo, es decir; El Mesías, el verdadero rey de Israel en la línea de David, cuya llegada todos esperaban con anhelo.

La convicción de las palabras dichas a su amigo venía de la lectura de las Escrituras. El creer en Jesucristo no venía de una mera emoción, ni porque alguien le hubiese convencido, sino de la claras enseñanzas que Dios había dejado en Su Palabra.

Quizá, por esta agudeza de mente Felipe lucía como un hombre accesible de ahí que, en otro momento, cuando unos griegos que deseaban hablar con Jesús se acercaron a él para que este les facilitara hablarle y escuchar directamente del  Hijo de Dios, su mensaje de salvación. (Evangelio de San Juan 12:20-23).

Sin embargo, a pesar de estas fortalezas innatas, también tenía sus debilidades, Jesús las conocía y las comprendía, pues aunque Felipe era un hombre racional, Él deseaba que su raciocinio captara el poder del Espíritu Santo.

Por eso mismo, cuando el Señor decidió alimentar a más de 5,000 personas, le ofreció el reto al intelectual discípulo: “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer”. (Evangelio de San Juan 6:5).

La lógica le dijo a Felipe: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (Juan 6:7) y, sin dudarlo se lo dijo a Jesús. Todos sabemos la historia, Cristo multiplicó cinco panes y dos peces, la multitud comió y aun sobró. Me imagino a este discípulo meditando en esta poderosa lección, Dios había obrado sobrenaturalmente.

Jesús no deseaba que Felipe se volviera un hombre emocional, sino que comprendiera que si bien Dios era Dios de hombres intelectuales, Sus pensamientos son de más largo alcance, más fértiles y más elevado que la mente humana.

Este es el reto que tenemos todos aquellos que somos como Felipe, el comprender que Jesucristo actúa de forma prodigiosa con el propósito de sacarnos de nuestras mezquinas expectativas, para elevarnos al maravilloso nivel de la fe.

Durante la última cena Jesús dejo a sus discípulos enseñanzas primordiales para su fe. Una de ellas es que a través de Jesucristo conocemos al Padre, sin embargo, cuando el Señor expuso esta verdad el raciocinio de Felipe salió y le dijo “…muéstranos el Padre, y nos basta”. 

Increíble petición, otra vez la mente humano queriendo ver y la fe a un lado, pero, nuevamente Jesús reta su intelecto: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras” (Evangelio de San Juan 14:1-11)

Sé que Felipe creyó, pues la última vez que se le menciona es en Hechos 1:12, cuando los apóstoles, las mujeres y María la madre de Jesús estaban en el aposento alto orando y rogando, para luego ser llenos del Espíritu Santo. Cuando leo esto mi corazón se estremece, el racional hombre sería lleno de poder sobrenatural de Dios.

Por tres años, Felipe habría reflexionado muchas veces lo que vio hacer a su maestro. Su lógica quizá habrá sido confrontada igual número de veces, pero, finalmente este racional hombre comprendió que si bien creía con la mente también debería hacerlo con fe.

Es así que este apóstol  cumplió su llamado, le dio cabida a la obra sobrenatural del Señor. Se cree que  evangelizó parte de Turquía, en donde sabemos estaban las siete iglesias mencionadas en el Apocalipsis de Juan. Y esto, porque ahora su mente humana había sido ampliada al nivel de la fe.

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