¿Realmente vas a celebrar?


El arbolito está listo, la representación del nacimiento de Jesucristo, la comida, los regalos y demás decoraciones también. Todo preparado para celebrar el más importante nacimiento de la historia, el de Jesucristo.

Sin embargo, para algunos la celebración no es tan fácil. Unos se enfrentan al dilema de ver que su papá pasa unas horas con ellos, para luego irse a ˈotro hogarˈ, para estar con “su nueva familia”. Algunos ven discutir a sus padres, porque su papá está ebrio; otros reciben llamadas del o la amante que les extraña y su pareja calla o explota; los conyuges pelean porque uno no quieren pasar la Navidad en tal lugar, algunos hijos esperan que tal vez, esta vez, sí venga su papá o mamá. Entoces en la Navidad viene a volverse un período en el que cada uno trata de llevar el dolor y celebrar.

Los relatos bíblicos nos narran detalles del nacimiento del Hijo de Dios, cuentan como María concibió por el Espíritu Santo, de como José casi la abandona, como a pocos días de dar a luz la pareja se vio obligada a viajar al pequeñito pueblo de Belén, la aparición de los ángeles a los pastores y la visita de los reyes magos, entre otros.

Y es que el nacimiento de Jesús es tan maravilloso que captura la atención de muchos, incluso de los incrédulos, como lo fui yo, que quería celebrar, pero, no lo lograba del todo.

Yo quería festejar, pero, al igual que muchos, hoy, no comprendía el motivo real de la venida del Hijo de Dios a este mundo… darnos salvación.

En Mateo 1: 21 se nos dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Esa es la razón principal de Su nacimiento rescatarnos de nuestras transgresiones.

Así que, la pregunta ¿Realmente vas a celebrar? Es valedera. Porque si en este momento tus acciones causan escenas como las que describí al inicio de este artículo, es triste decirlo pero no tendrás una feliz Navidad.

Amigo, amiga, porque no meditas un poquito y decides aceptar la salvación del Hijo de Dios. Porque no dejas de practicar lo malo. Porque no haces de la Navidad una verdadera fiesta y, no sólo aquí en la tierra, sino en los cielos también. (Lucas 15:7).

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