Coopere y ella no dijo nada


Ahí estábamos en discutiendo la lección sobre porque era importante pedir consejo para el buen uso del dinero, del  Curso de Finanzas con Propósito de Conceptos Cristianos Financieros Crown. El comentario con el que titulo esta nota  fue el una chica que había tenido que dar Q 90.00*, para poder celebrarle el cumpleaños una compañera de oficina, sin embargo, su relato iba acompañado del tono de una queja, pues la persona agasajada no  dijo nada,por lo que lo consideraba una perdida de dinero y concluyo su historia diciendo  que lo había hecho porque una amiga se lo había pedido pues, “pobrecita la compañera, nadie quería festejar su natalicio”.

No recuerdo literalmente la respuesta del facilitador del curso, pero, su respuesta incluía que ese era un ejemplo de porque era importante  saber cómo gastar el dinero, consejo que comparto, pero, me hizo meditar y agregar a la discusión la pregunta ¿Por qué das?

No sé si la chica del curso dio por presión de su amiga o porque sintió lástima de la pobre cumpleañera, pero, cualquiera que haya sido su motivación fue la errónea, pues, se lamentaba y lucía molesta consiga por haberlo hecho.

Pablo durante su despedida en Mileto antes de partir para Roma, les recordó “las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”  (Hechos 20:35b), lo que deja claro que el acto de dar es una bendición en sí mismo.

El escribir sobre esto es un reto, pues, no pretendo ponerme en un nivel superior, sino es un recordatorio de lo que debo practicar. En este tiempo de crisis suena irracional dar, sin embargo, oro a Dios hacerlo y no por las razones equivocadas, sino  porque es una bendición.

Cuando dé no lo haré por presión, porque quiero lucir buena y dadivosa, porque experimento lástima o porque me sobra.

Recuerdo una ocasión que una persona me regalo una mesitas mientras las visitaba, estaban maltratadas, pero, eran bonitas, recuerdo sus palabras llévatelas y úsalas a  mi ya no me caben, ni me sirven -estas eran las razones de dármelas-, pero, con la ilusión las tomé y le agradecí a Dios y a ella y, no interpreté su verdadero motivo . Junté un poco de dinero y las mandé al carpintero para repararlas.

Mi sorpresa llegó un año después, un 24 de diciembre, recibí  una llamada de ella pidiéndomelas de vuelta, porque “ahora Dios la había bendecido con una casa más grande y tenía espacio”, la llamada me desconcertó y le recordé que me las había dado y ella argumentó que me las había dado para que se las guardará, no quise discutir pero sí le comenté que las había reparado, porque al parecer había interpretado mal sus palabras, ella me dijo que pagaría, le di el monto, esperando que cuando viniera a traerlas lo cancelara.

Mi sorpresa aumento cuando al día siguiente, en la tarde de Navidad, ella y su esposo estaban en mi puerta por las mesas, indicándome que me harían el pago por abonos, esto lo harían porque yo debía tener agradecimiento por un regalo que su mamá me había dado, no lo voy a negar por unos segundos me molesté, pero, al hablar con Dios comprendí,  se me habían dado por las razones equivocadas, así que les devolví las mesas y no cobré nada.

Jesús nos dijo “Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (Evangelio de San Mateo 6:3).

Mi bisabuela murió muy joven de tuberculosis, tenía tan solo 36 años, esta afección en su tiempo era una enfermedad incurable. Sin embargo, en su corta vida trato de  ayudar y dar de lo poco que tenía. Por cuestiones laborales ella y mi abuela vivieron en una aldea muy pobre por unos año. Ahí vio a una joven que vivía en la calle y decidió recogerla, estaba sucia, tenía piojos en su cabeza y niguas pegadas a su cuerpo. La baño, la curo y la adoptó por el tiempo que estuvo en aquel lugar. No sé porque, pero, al dejar la comunidad la muchacha se quedó.

Ya en el hospital mi bisabuela en una silla de ruedas, con un tanque de oxigeno a su lado, cuando mi abuela la visitó se llevó una agradable sorpresa mi abuela recibía un cuidado especial, aquella joven era una de las enfermeras, así que, mientras su vida se apagaba esta muchacha no la dejo y cuidó con amor. Creo que ese fue el beso de Dios para alguien que daba por las razones correctas sin esperar nada a cambio ¿Quién diría que sus vidas se volverían a cruzar?

Oro al Señor que siempre dé por la misma razón, recordando que Él se dio a nosotros por amor, (Evangelio de San Juan 3:16), pido que me dé un corazón como el de aquella viuda pobre, quien dio de lo que no tenía, simplemente porque quería agradarlo, porque tenía un corazón generoso, ¡ Qué razón más correcta ! (Evangelio de San Marcos 12:41-44)

*Al cambio del día de esta publicación es  Q 7.77861 por US$ 1.00.  Q 90.00 equivaldría a US$ 11.72

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