Corazón, mente pequeña y lágrimas en mis ojos


Era 1988 cuando leí por primera vez un libro cristiano, antes de eso, solamente había leído la Biblia y una variedad de obras clásicas, de ese momento nunca he olvidado una de las frases  del libro en la cual la persona que escribía el prólogo explicaba que en el plan divino en nuestras vidas: “Muchas de sus lecciones se deletrean con lágrimas y quebranto de corazón”, el texto se llama Del Corazón de una Mujer, por Carol Mayhall.

Con el correr de los años esa frase la he visto cumplirse en  mi vida muchas veces, en especial, porque mi pequeña mente trata una y otra vez de comprender la soberanía o voluntad de Dios.

Mi pequeña mente no logra del todo comprender. Mis pensamientos se debaclen en el entender que Dios tiene sus propios planes para mi vida y que quiere llevarlos a cabo en su propio momento y a su manera. ¿Y por qué lo hace? Sencillamente porque soy su hija y me ama y sé que Dios tiene control.

Esa simple  expresión, Dios tiene control, encierra tanto, es ver la manifestación de su inteligencia, su poder y su sabiduría supremos en lo que muchos llaman destino, pero, que yo denomino, mi vida en Sus manos, es decir, cumplir Su voluntad.

cruzLos teólogos mencionan dos tipos de voluntad divina, la Decretiva, esta es en la que Dios decreta, se ha cumplido, se está ejecutando y se realizará; a lo largo de las escrituras podemos encontrar ejemplos de esto.

La segunda es la Preceptiva, en la cual Él asigna a su criaturas los deberes que les corresponden, esta se puede obedecer o no y,  por lo tanto no se cumplirá, porque nosotros siempre tenemos la libertad de actuar.

Cuando he dicho Dios tiene control, he querido de corazón, pero, con una mente muy humana esperar que Él haga. Sin embargo me ha sucedido y quizá a ti también, que cuando he dicho esta frase, realmente esperaba que Él hiciera lo que yo aguardaba.

Puedo decirte que  en cada momento he aprendido que en la mayoría de los casos la voluntad Preceptiva no se cumple si va en contra de Su Palabra.

Cuando Jesús pasaba por el momento crítico de enfrentarse a su muerte, oraba en el monte de los Olivos pidiendo no tomar esa copa y en  su humanidad le dijo a Su Padre: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Evangelio de San Lucas 22:42b). 

La soberanía de Dios se cumplió, si bien en su humanidad Jesús quería evitar el sufrimiento, aceptó el cumplirla para que cada profecía escrita en Su Palabra se cumpliera  y darnos salvación, esto no es sino su soberanía en amor perfecto.

Jesús siempre cumplió la voluntad de Dios, Su Padre, por ello declaró “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Evangelio de San Juan 6:38); cuando nos enseñó a orar, nos instruyo pedir “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Evangelio de San Mateo 6:10); reconoció que quienes hacía la voluntad del Padre son su familia (Evangelio San Mateo 6:50) (Evangelio de San Marcos 3:35); y cuando nos enseñó que cumplir la soberanía de Dios era la principal tarea de su vida dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Evangelio de San Juan 4:34).

Las lecciones que he aprendido con lágrimas y quizá con dolor  no han sido fáciles y nunca la serán, pero sé que siempre me llevan a estar más cerca de cumplir mi propósito, mi destino, mi vida en este mundo y finalmente mi eternidad, por eso me gustaría cerrar con las frases que concluye el libro de Mayhall  “Dios se mostrará a nosotros. El nos tocará una y otra vez con sus manos de amor. El pondrá en nosotros belleza. El nos capacitará para verlo. Con claridad. Bien definidamente. Obedezcámosle. Eso será el  principio”2.

 

1. Mayhall Carole, Del corazón de una Mujer,Miami Fla.1980

2.Mayhall Carole, Del corazón de una Mujer,Miami Fla.1980

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2 comentarios en “Corazón, mente pequeña y lágrimas en mis ojos

  1. Billmey Ramos dijo:

    Gracias Roxana, por estas palabras, nos recuerdan que nuestra mente es tan finita y la de Dios infinita y que los pensamientos de Él no son como los nuestros, pero, lo más importante es que Él siempre nos desea pensamientos de bien. Saludos y bendiciones, Bill

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