Metas: Esperanza


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¿Qué esperas el año entrante? o no esperas nada. De acuerdo a los especialistas tener esperanza es una necesidad psicológica, porque siempre toda persona quiere tener alguna idea del futuro.

Aun, quienes están frente a la muerte esperan algo después de ella. Por eso, el apóstol Pedro continúa en su epístola: “…Pongan toda su esperanza en la salvación inmerecida que recibirán cuando Jesucristo sea revelado al mundo. (1 Pedro 1.13b Nueva Traducción Viviente)

Y ante la llegada de un nuevo año, las esperanzas siempre salen de la cabecita de cada uno. Y de acuerdo a los expertos estas pueden ser: justificadas, transitorias e ilusorias.

Las justificadas, es cuando ya se ha recibido u obtenido algo y solo se tiene la expectativa de cómo será. Por ejemplo, iniciar en un nuevo trabajo o puesto laboral, el inicio del proyecto tan anhelado de realizar o la carrera universitaria,  si me boda se acerca, cómo será mi vida matrimonial, cómo seré de padre o madre.

Transitorias son las que se esperan ver cumplidas: el ofrecimiento de aumento salarial, el inicio de un viaje, graduarme y otras.

Y las ilusorias, son con las que solo se sueñan, pero, no se sabe cómo sucederá. Por ejemplo: Tener una casa o conocer al amor de tu vida.

Toda persona ha tenido o tiene estos tres tipos de esperanza. Sin embargo, hay una que no todos tienen: la eterna.

Es aquella que sin importar lo que enfrentes en cada nuevo año o etapa de tu vida, te sostiene y es segura.

2No es condicionada por ninguna circunstancia o posibilidad humana. Tampoco depende de lo que posees, ni de lo que seas capaz de hacer o no, menos aun de lo que otros puedan. No ocurre producto de tu temperamento.

Las tres primeras siempre tienen el riesgo de agotarse, el trabajo no era lo que esperabas o no es suficiente, quieres más. El aumento llegó, pero, tampoco era la cantidad deseada y esto afecta tus otras esperanzas, o los años se han ido y  el amor no aparece.

Sin embargo, la eterna es aquella basada en el Dios viviente. Es cuando tenemos la certeza de que Él actúa e interviene en nuestras vida, porque llevará a cabo lo que prometió.”Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. (2 Corintios 1:20, Reina-Valera 1960).

Te has preguntado por qué la fe de Abraham de que tendría el hijo de la Promesa, no decayó.   Porque: “El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia”. (Romanos 4:18, Reina-Valera 1960).

Tienes planes, metas, sueños, haz que ellos estén basados en la esperanza eterna del Único que te los puede hacer realidad. Cristo.

Él es el mejor ejemplo de esperanza. Hoy puedes  preguntar quién cree en la Humanidad y un 3alto porcentaje te dirá nadie o los pocos optimistas que quizá en algunos cuantos.

Pero, Jesús no solo creyó, lo demostró y por eso dio su vida por todo el mundo (Juan 3:16), para ofrecer a cada uno esa esperanza eterna.

Para los cristianos todas las esperanzas son en Cristo ¡Sí!  Por ello, en mi caso, sé que enfrentaré dificultades el próximo año, pero sé  también que, puedo esperar más bendiciones futuras, aunque por el momento permanecen invisibles, pero, jamás se agotarán.

Por ello me sostengo en que:“Recibimos esa esperanza cuando fuimos salvos. (Si uno ya tiene algo, no necesita esperarlo;  pero si deseamos algo que todavía no tenemos, debemos esperar con paciencia y confianza).  Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios. Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor de muchos hermanos”. (Romanos 8:24-29, Nueva Traducción Viviente).

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