El Gran Fiador del Mundo

“Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¡No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (Evangelio de Mateo 18:32-33).

Sentada en la clase, estaba interesada en aprender todo lo posible del curso ¿Cómo ordenar mis Finanzas? de Conceptos Financieros de Crown, la lección que se discutía: Las Deudas.

Quizá el concepto que tomó más tiempo, por el énfasis que le dieron los facilitadores, fue el no ser  fiador. Justo en la lectura asignada, previo a la lección, aconsejaba que uno no fuera garante a menos que se tenga la capacidad de pagar la deuda si la persona no pueda pagar.

Comprendí cuando algunas personas contaban sus malas experiencias al haber sido fiadores, sin embargo, no sé porque, pero en un momento la conversación giro y los comentarios cambiaron, ahora era señalar a los que  les debían, quizá el comentario más alarmante, de todos los que escuche fue, “el nombre de ella es la que me debe Q 300.00* ” (sic).

En ese momento fue cuando recordé el verso con el que inicio este comentario, este, es parte de la parábola titulada Los Dos Deudores, Jesús cuenta en ella como un hombre que debía diez mil talentos (de acuerdo a los historiadores, esta cantidad era la mayor unidad de peso hebrea y también la de mayor valor monetario, un talento, actualmente, equivaldría a más de US$ 6,600.00), recibía el perdón de la deuda completa, por parte de su señor, pero, al salir y encontrar a su consiervo que le debía una cantidad mucho menor, cien denarios ( un denario significaría hoy a US$8.00), no lo perdonó y lo metió a la cárcel.

El comentario de la persona sobre como llamaba a su deudor, me hizo pensar, es que acaso estamos olvidando el otro lado, cuando nosotros éramos los deudores, no somos acaso como el deudor malo de la historia, porque le he de poner una etiqueta a una persona.

Que no se me entienda mal, estoy de acuerdo con no ser fiador, la Biblia me lo advierte en otros versos (Proverbios 6:1-6), pero, si una persona me ha fallado, no deberé perdonarle y no solo una deuda sino cualquier mal que me haya hecho; o es que perdonar tiene límite, quizá eso pretendía Pedro cuando en lo versos anteriores a esta parábola quería ponerlo cuando contesto a Jesús que uno debía perdonar “hasta siete” (Evangelio de Mateo 18:21b), Jesús sabía que no, por eso, a continuación, narró la  historia de los Dos Deudores.

Han pasado los días y he meditado más en esto y Dios me ha recordado que todos nosotros somos deudores (Romanos 8:12), sin embargo, no debemos pagar nada, el gran fiador, Jesús, pago toda nuestra deuda, la cual jamás podríamos haber finiquitado y lo hizo a precio de sangre (Colosenses 1:12-14), (Hebreos 9:12-14).

Dios no nos puso etiquetas, sino nos amo de tal forma para pagar no solo la deuda completa, sino, nos hizo hijos suyos y “también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17b),¿Qué fiador hace esto? Solo él que te ama, por eso Dios nos mandó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Evangelio de Mateo 22:39).

En otra parte del evangelio, Jesús contó otra parábola de nuevo eran dos deudores, esta vez se encontraba en la casa de Simón, el fariseo, cuando una mujer pecadora entró, dejo caer sobre Él un perfume cuyo precio significaba un año de trabajo y con sus lágrimas lavó los pies del Mesías, en esta historia uno de los deudores debía más que el otro al acreedor, pero, a ambos  les perdonó la deuda, tampoco podían pagar. (Evangelio de San Lucas 7:36-42). Al terminar el relato Cristo le preguntó a Simón: “¿Cuál de ellos le amará más?” Él respondió: Pienso que aquel a quien perdonó más(Evangelio de San Lucas 7:42-43).

El Señor lo felicito por su recto juicio, no así por la falta de práctica de su respuesta, ante esto le dijo: “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (verso 47). Así que, ahora me pregunto ¿Cuánto valoro lo que se me ha perdonado? Porque la respuesta que dé se verá reflejada en la forma en que trato a quienes yo considero mis deudores.

Díficil el perdonar sin medida, de ahí la grandeza del sacrificio perfecto de Jesús, el Gran Fiador, quien no solo perdona a unos cuantos, sino a todo el mundo. (Juan 3:16-17)

 

*Un quetzal al cambio del día de la publicación de esta nota es de Q 7.81502 por US$ 1.00

 

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¿…Algo bueno de Nazaret?

“El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Evangelio de San Juan 1:43-45).

Estos versos nos narran como Natanael conocido, también, como Bartolomé que se cree era su apellido, ya que significa en arameo hijo de Tôlmay o de Ptolomeo, reaccionaba ante las palabras de su amigo Felipe, quien le daba las buenas nuevas de haber encontrado al Mesías, Jesucristo.

Grabado que representa a Natanael o Bartolomé

Natanael o Bartolomé, era hijo de Talmai, nació en Caná de Galilea y después de su encuentro con Jesús vino a ser uno de los 12 discípulos. (Mateo 10:3, Marcos 3:18 y Lucas 6:14). Sin embargo, al escuchar por primera vez de Cristo, Natanael lo despreció por su ciudad de procedencia, Nazaret.

En ese entonces Nazaret no era bien percibida por los judíos. Era una pequeña urbe y de poca importancia que se elevaba sobre una colina (Lucas 4:29), incluso, nunca se le mencionó en Antiguo Testamento, como otras ciudades bíblicas, ni tampoco el famoso historiador  Flavio Josefo lo hizo.

Sin embargo, Nazaret era el lugar en donde el ángel Gabriel le anunció a María que concebiría del Espíritu Santo a Jesús (Lucas 1:26-38); en esta escondida población Cristo vivió la mayor parte de su vida en la tierra -30 años-  (Lucas 2:51-52); y esto “para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno” (Mateo 2:23a); fue en la sinagoga de este pueblo en donde, después de leer la escritura del profeta Isaías, inicio su ministerio (Lucas 4:16-30) y donde  los judíos trataron de despeñarle (Lucas 4:30).

Creo que el desconocimiento de todos estos eventos hizo que Natanael solo viera lo insignificante de la ciudad y expresara su escepticismo. Aun así, Jesús dijo de él: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47a), lo que creo muestra el carácter de este hombre, sereno y retraído.

La afirmación de Jesús sorprendió a Natanael y este le dijo: ¿De dónde me conoces? (Juan 1.48a), lo que nos demuestra, además, que era un hombre dado a meditar lo que se le decía. Por eso mismo, con perspicacia Cristo le respondió, “antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (48b).

El ingenio de Jesús, pero, sobre todo Su amor, llevó a este hombre a reconocerle como Rabí, Rey de Israel y ante todo Hijo de Dios, por lo que el Señor le agregó a un sorprendido Bartolomé que vería cosas mayores, cielos abiertos y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre (v v 50, 51).

De acuerdo a la tradición Natanael Bartolomé se dirigió a Turquía, India y Armenia para llevar el mensaje de salvación por medio de Jesús. En esta última región se cree que murió desollado vivo.

Fuentes consultadas: 1. Nuevo Diccionario Bíblico. Primera Edición (Basada en la segunda edición inglesa del New Bible Dictionary, 1982).2. Todhunter Andrew, Tras los Pasos de los Apóstoles, National Geographic, Volumen 30, Número 3, pp. 2-29, Marzo 2012, México.

El Intelectual y la Fe

“Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Evangelio de San Juan 1:45).

Estas palabras fueron dichas por el apóstol Felipe, uno de los valiosos hombres que compartió con Jesús durante los tres años de Su ministerio en la Tierra.

Felipe siempre ha llamado mi atención, pues, al momento de oír el llamado de Jesús y tomar la decisión de seguirle no lo hizo solo;  busco Natanael, para que este conociera al Señor. En un breve mensaje evangelizador le  dijo a su mejor amigo que las escrituras se habían cumplido.

Con este conciso mensaje Felipe había resumido la enseñanza más importante de las Escrituras: La venida de Jesús para la salvación del mundo, es decir; El Mesías, el verdadero rey de Israel en la línea de David, cuya llegada todos esperaban con anhelo.

La convicción de las palabras dichas a su amigo venía de la lectura de las Escrituras. El creer en Jesucristo no venía de una mera emoción, ni porque alguien le hubiese convencido, sino de la claras enseñanzas que Dios había dejado en Su Palabra.

Quizá, por esta agudeza de mente Felipe lucía como un hombre accesible de ahí que, en otro momento, cuando unos griegos que deseaban hablar con Jesús se acercaron a él para que este les facilitara hablarle y escuchar directamente del  Hijo de Dios, su mensaje de salvación. (Evangelio de San Juan 12:20-23).

Sin embargo, a pesar de estas fortalezas innatas, también tenía sus debilidades, Jesús las conocía y las comprendía, pues aunque Felipe era un hombre racional, Él deseaba que su raciocinio captara el poder del Espíritu Santo.

Por eso mismo, cuando el Señor decidió alimentar a más de 5,000 personas, le ofreció el reto al intelectual discípulo: “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer”. (Evangelio de San Juan 6:5).

La lógica le dijo a Felipe: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” (Juan 6:7) y, sin dudarlo se lo dijo a Jesús. Todos sabemos la historia, Cristo multiplicó cinco panes y dos peces, la multitud comió y aun sobró. Me imagino a este discípulo meditando en esta poderosa lección, Dios había obrado sobrenaturalmente.

Jesús no deseaba que Felipe se volviera un hombre emocional, sino que comprendiera que si bien Dios era Dios de hombres intelectuales, Sus pensamientos son de más largo alcance, más fértiles y más elevado que la mente humana.

Este es el reto que tenemos todos aquellos que somos como Felipe, el comprender que Jesucristo actúa de forma prodigiosa con el propósito de sacarnos de nuestras mezquinas expectativas, para elevarnos al maravilloso nivel de la fe.

Durante la última cena Jesús dejo a sus discípulos enseñanzas primordiales para su fe. Una de ellas es que a través de Jesucristo conocemos al Padre, sin embargo, cuando el Señor expuso esta verdad el raciocinio de Felipe salió y le dijo “…muéstranos el Padre, y nos basta”. 

Increíble petición, otra vez la mente humano queriendo ver y la fe a un lado, pero, nuevamente Jesús reta su intelecto: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras” (Evangelio de San Juan 14:1-11)

Sé que Felipe creyó, pues la última vez que se le menciona es en Hechos 1:12, cuando los apóstoles, las mujeres y María la madre de Jesús estaban en el aposento alto orando y rogando, para luego ser llenos del Espíritu Santo. Cuando leo esto mi corazón se estremece, el racional hombre sería lleno de poder sobrenatural de Dios.

Por tres años, Felipe habría reflexionado muchas veces lo que vio hacer a su maestro. Su lógica quizá habrá sido confrontada igual número de veces, pero, finalmente este racional hombre comprendió que si bien creía con la mente también debería hacerlo con fe.

Es así que este apóstol  cumplió su llamado, le dio cabida a la obra sobrenatural del Señor. Se cree que  evangelizó parte de Turquía, en donde sabemos estaban las siete iglesias mencionadas en el Apocalipsis de Juan. Y esto, porque ahora su mente humana había sido ampliada al nivel de la fe.

Fe con entendimiento

¡Déjenla; ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo.Pues a los pobres siempre los tendrán entre ustedes, y pueden hacerles bien cuando quieran; pero a mí no siempre me van a tener.Esta mujer ha hecho lo que ha podido: ha perfumado mi cuerpo de antemano para mi entierro. (Evangelio de Marcos 14:6-9, versión Dios Habla Hoy).

Estas palabras Jesucristo las dijo durante una cena en la casa de Simón el leproso; localizada en una pequeña ciudad de Israel, Betania. ¿Por qué las dijo? porque todos los presentes, inclusive su discípulos murmuraban que una mujer había derramado sobre Su cabeza un perfume carísimo.

El ungimiento en los tiempos bíblicos se hacía por dos razones: Cuando se coronaba a un rey y como parte de los ritos al enterrar a una persona.

El perfume derramado a Jesús era de nardo

En Jesucristo se aplican ambas: Al entrar a Jerusalén, fue recibido y proclamado como rey:“El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor,  el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene. Montado sobre un pollino de asna”.(Evangelio de Juan: 12:12-15, versión Reina Valera 1960). Y el segundo como Él mismo lo dijo: “ha perfumado mi cuerpo de antemano para mi entierro“.

 La acción de esta mujer, de quien no se menciona su nombre, es otra vez un acto de fe; ella sabía que su rey tenía que morir, había comprendido el mensaje y propósito de Jesús al venir a esta tierra.

Todos los presentes, consideraron el derramamiento un desperdicio, y algunos con un falso altruismo, dijeron que se hubiera vendido por 300.00 denarios (equivalente a un año de trabajo), y haberse dado a los pobres. Sorprendente, ninguno de los presentes, incluso, los discípulos de Jesús, pudieron comprender el mensaje de Cristo, pero esta simple mujer ¡Sí!

De ahí que el Señor agregara: “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella” (Evangelio de Juan 14:9, versión Reina Valera 1960).

¡Admirable! La fe de aquella mujer que  comprendía el sacrificio que haría Cristo por ella y que hizo también por todos aquellos que estén dispuestos a dejar sus falsas ideas, recelos y crean.

Negación Constante

Otro de  los acontecimientos notorios que ocurren alrededor de la Pascua que involucra a un discípulo de Jesús es el que las Escrituras titula: “La Negación de Pedro”.

Simón, Cefas, Simeón  o Pedro es, quizá, el discípulo más sugestivo del círculo íntimo de los 12 de Jesús. En ocasiones era un hombre que recibía grandes revelaciones, reconocidas por el mismo Jesucristo, como el caso de su confesión: Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.(Mateo 16:16-17, versión Reina Valera 1960).

Sin embargo, a lo largo de los tres años que compartió con Jesús se destacó más su carácter precipitado.Este era conocido por su maestro, Jesús, quien durante la cena de la Pascua, le comunicó que había rogado por él, para que, durante las dolorosas y confusas horas que vendrían no le le faltara la fe.

Grabado que representa a Pedro

No obstante, su impetuoso carácter, le hizo responder a Pedro: “Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte”. (Lucas 22:33, versión Reina Valera de 1960), y es justo en ese momento cuando Jesús anunció la negación de Simón.

De todos es conocido que las palabras proféticas de Cristo se cumplieron; Pedro lo negó  tres veces.

Esta negación, me ilustra parte de lo que es la debilidad humana. Cuando leo en las Escrituras sobre este momento, puedo observar que Pedro es de los pocos que decidió seguir a Jesús y sus captores. Sin embargo, su valentía tuvo límite, cuando se vio acorralado por diferentes personas que le reconocieron. Su temor le controló y negó tres veces a Cristo.

Esta historia tuvo un final feliz. A pesar de la cobardía de Simón, Dios se tomó un tiempo especial para Pedro: Cuando las mujeres encontraron la tumba vacía el ángel les dijo: “Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo”. (Marcos 16:7; Reina Valera 1960), luego, Jesús ya resucitado, le hizo una visita personal como se nos dice en Primera Carta a los Corintios 15:3-5 “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce.”

Al meditar en esto, veo, otra vez  un reto, porque yo puedo negar la resurrección de Jesús, puedo contradecir los hechos una y otra vez, no obstante, es la Fe  lo que necesito para ser una discípula de Cristo, algo que para todo escéptico es locura.

Pero, para nosotros que ya hemos reconocido los hechos, el reto es, que con  nuestro actuar afirmemos que Jesús murió y resucitó y esto deben ser una constante en nuestra vida.

De la Duda a la Fe

…y deje de ser la alumna lenta que necesitaba palitos y cubitos para creer.

En este mes judíos y cristianos celebran La Pascua. Una conmemoración de gran significado para ambas civilizaciones; leyendo sobre la misma en el evangelio de Juan, me hizo meditar que, aunque millones alrededor del mundo rememoran La Muerte y Resurrección de Jesús, la duda de los hechos aun está presente.

Juan 20: 24-27 que se titula: “La Incredulidad de Tomás”,  nos relata el escepticismo de este discípulo de Cristo: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. (Juan 20:24-27, versión Reina Valera 1960).

Fácil sería para mi criticar la actitud de Tomás, pero, yo me incluía en su grupo; por varios años el conmemorar la Pasión de Jesucristo, se reducía a ver las representaciones de la misma y gozar el descanso que se tiene en mi país, Guatemala.

Y sin acusar o señalar a nadie, tal vez, seas miembro del club de los escépticos; de los que quieren pruebas, los que como millones a través de los siglos, han dicho como Tomás, hasta no ver no creer.

Quizá, has visto la Crucifixión de Jesucristo y su Resurrección como una interesante historia o durante este tiempo meditas en ella, pero luego, continúas tu vida y vuelves a recordarla al año siguiente.

A muchos les gusta ver las palabras de Jesús, como un regaño a la incredulidad de Tomás, cuando Él le dice: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado”, pero yo creo, Cristo, como buen maestro, estaba retando la incredulidad de un alumno lento en la Fe, de la única manera que se hace con un escéptico: ve y  toca.

El pasaje no nos relata si Tomás lo hizo, pero sí que exclamó: ¡Señor mío, y Dios mío!, claro reconocimiento de Jesús como Su Salvador.  Más vale tarde que nunca, dirían algunos y ese fue mi caso.

Finalmente, un día reconocí que la Pascua era algo más que una conmemoración religiosa, fue el momento en que el sacrificio del cordero perfecto me trajo a la libertad.

Sé que Jesús no repetirá la lección que le dio a Tomás, sin embargo, dejo un reto para todos los escépticos o no: “Y le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

¡Qué mayor reto quieres! Estás dispuesto a creer o aun quieres ver y tocar. La lección no se repite, me dije hace tiempo y… así, pase de la duda al camino de la Fe y deje de ser la alumna lenta que necesitaba palitos y cubitos para creer.