La oración no es…

Dios nos ha dejado un arma poderosa con la cual obtenemos: solución a nuestros problemas, vencemos al enemigo, encontramos respuestas, pedimos sabiduría y se nos da, podemos proteger a nuestros seres queridos, clamar contra las injusticia, encontrar consuelo y muchas maravillas más que, solo la oración da.

¡Sí! Esa es la arma que Jesús nos dejo, la oración. Por eso dijo: “Pueden pedir cualquier cosa en mi nombre, y yo la haré, para que el Hijo le dé gloria al Padre.  Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!” (Juan 14:13-14, Nueva Traducción Viviente)

Por eso, en estos días quiero compartirles mis meditaciones y aprendizajes sobre qué es la oración. Estas enseñanzas las he compartido, anteriormente, pero, Dios me ha estado hablando que las comparta contigo en este espacio.

En especial, porque creo que como hijos de Dios  podemos vivir esa vida sobrenatural que tanto anhelamos  y esto es posible a través de la oración.

Para quitarnos pensamientos incorrectos de lo que creemos que es la oración, te comparto lo que no es la oración y… siempre tus aportes son bienvenidos, pues enriquecerán estas meditaciones, así que déjanos tus comentarios.

“Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará”. (Mateo 6:6, Nueva Versión Intenacional).

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  • Un monólogo
  • No es rezar (vanas repeticiones)
  • No es algo mecánico que hacemos para cumplir con Dios
  • No es un ejercicio religioso
  • No es sólo pedir a Dios un favor
  • No es una válvula de escape para aliviar la conciencia
  • Tampoco es usar a Dios como bombero cuando tenemos necesidad

El carácter de mi Prueba

Cuando se busca la palabra prueba en la Biblia en el Antiguo Testamento aparece 19 veces y en el Nuevo 22 (Versión Reina-Valera 1960), pocas veces diría yo, para la cantidad de veces que el cristiano la enfrenta a lo largo de su vida.

El apóstol Santiago nos dice  en su epístola “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2), quizá, sea el verso más recurrente, tanto para los cristianos como para los recién convertidos, al momento de encontrarse en ese período en que, pareciera que no hay salida, ese momento en el que nuestro acérrimo enemigo, Satanás, nos lanza sus dardos, pareciera con cierta certeza, o esa etapa de dificultad que no quisiera terminar y nosotros rogamos que sí.

Y es que, no es fácil pasar el Niágara en bicicleta, en especial cuando crees que ya termino y no ha sido así y, parafraseando la frase de un anuncio de baterías: sigue y sigue y sigue y sigue, y apenas tenemos tiempo de tomar aire.

prueba_florEn mi caso, por mi temperamento, he tratado de razonarlo, analizarlo y trato de buscar en que he fallado, me pregunto ¿Qué área de mi vida Dios desea que cambie?  Y otro sinfín de preguntas  y como cosa curiosa cuando he contado esto a amigos y conocidos me encuentro que muchos hacen lo mismo; otros, ven la prueba como parte del vivir cristiano y unos pocos como algo que le sucede, porque Dios les está castigando, pero, lo cierto es que, todos coincidimos en que no queremos pasar por ella y si ocurre que termine rápido.

Pero… quizá porque estoy viviendo ese período, el cual pareciera no terminar, sigo en mi búsqueda de comprender no con la mente sino con el corazón cuando el apóstol Pablo dice: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. (Romanos5:3-5).

Por ello, ahora, creo de corazón que Dios utiliza la prueba para producir en nosotros perseverancia, es decir, la capacidad de soportar, la  persistencia que produce dokime, en griego significa carácter probado, la fortaleza que viene únicamente como resultado de someterse a una prueba intensa, que al ser probada, a su vez, produce esperanza que nos llevará a la victoria y en ella, nunca hay vergüenza alguna.Tribulaciones

¿Por qué Dios obra de esa manera en nuestras vidas? Creo, porque debiéramos anhelar tan desesperadamente esta clase de carácter y esperanza y debiéramos por ello enaltecernos en las tribulaciones y no verlas como dolor que soportar.

Cuando Pablo escribió esto estaba reflejando una perspectiva que era común en los cristianos de los primeros tiempos, es decir, el respecto a las virtudes divinas en comparación con los problemas terrenales, creo, muchos cristianos hemos perdido esta óptica hoy. En mi humilde opinión ante tanta repetición de que somos sus hijos y que como tales debemos vivir en este mundo, nos ha hecho perder esta visión.

Recordemos que Jesús mismo dijo que no somos de este mundo (Evangelio de San Juan 17:14), y más adelante en la misma epístola de Romanos el apóstol dice: Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Así que, mientras la tribulación pasa y mi nuevo carácter se forma; he de ser valiente y no avergonzada, he de alegrarme, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tenga que ser afligida en diversas pruebas, para que sometida a prueba mi fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amo sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo vea, me alegro con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de mi fe, que es la salvación de mi alma.(I Pedro 1:6-9).

Y mi fe a prueba me lleva a otro nivel que hablaré más adelante.

 

Estamos en guerra, pero, no indefensos

En el evangelio de San Lucas, capítulo 22 de los versos 39 al 46, se nos relata el momento crítico y pará mí, quizás, el más intenso cuando Jesús estaba en el Huerto de Getsemaní, previo a su muerte temporal.

Sus palabras me estremecen en gran manera,  “…y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (Evangelio de San Lucas 22:41b-42, versión Reina- Valera 1960).

Ahí estaba, el Hijo de Dios;  había llegando el momento por el cual había vivido en la pequeña Tierra, Él había creado el infinito universo, pero, por 33 años había sido conocido como el hijo de un carpintero y una humilde mujer (Evangelio de San Mateo 13:55), en una minúscula nación controlada por un imperio tan grande que, hasta hoy, nunca se ha vuelto a ver uno similar.

Ahí estaba dispuesto a morir por la humanidad completa. En los versículos siguientes se nos dice que “estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra (verso 44). Imagino a Satanás disfrutando la escena, el Hijo de Dios estaba solo, sus discípulos, por más que Él se los había pedido, no le acompañaban en oración. Sin embargo, en ese momento asolador, en el verso 43, dice: Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”.

En el 45, dice que Jesús se levantó, lo que nos deja claro que seguía de rodillas, para muchos una posición de derrota, pero no es así, Él conocía el poder de la oración, en su humanidad tenía miedo y pánico, más sabía que arrodillarse ante Su Padre era lo mejor, para luego, tener  fuerzas y pararse contra el enemigo, quien, ya tenía definida toda la estrategia para matarle.

Así que, arrodillado en medio de la guerra, Dios, Su Padre, había enviado un ángel. Quizá ha habido momento en que te arrodillas delante de nuestro Padre y en ese momento piensas que estas solo, a mí me ha pasado, sin embargo, no es así, Él nunca nos deja.

En el Salmo 34:7 se nos dice: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende”. Así es, puedes haber sido atacado por Satanás, Él pensará que te ha derrotado (sabes es nada inteligente, por eso utiliza la misma estrategia), pero, Dios está contigo, Él te reconforta o envía a alguno de sus ángeles, porque nunca te deja indefenso.

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El enemigo buscará herirte, matarte, robarte o destruirte (Evangelio de San Juan 10:10), pero, cuando oras el diablo no tiene éxito alguno, porque orando estamos en guerra, contra su mísero gobierno formado por potestades, principados, gobernadores de las tinieblas, huestes espirituales de maldad, (Efesios 6:12).

Pero, te repito no estamos indefensos, ángeles batallan y nuestra oración es la mejor arma para reafirmar la victoria, por eso, en el mismo capítulo de Efesios verso 18,  después de animarnos a vestir la armadura de Dios, se nos dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.

Jesús fue crucificado, por tres días Satanás habrá celebrado su efímera victoria, pero, luego Él resucito y su Padre le sentó a su diestra en los lugares celestiales “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;y sometió todas las cosas bajo sus pies,y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,la cual es su cuerpo,la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. (Efesios 1:20-26).

Así que, recordemos que cuando nos arrodillamos en oración, lucimos débiles, pero, al levantarnos somos poderosos y sobre todo ¡No estamos indefensos!  ¡Dios nos defiende y pelea por nosotros!

Seamos los mejores enemigos

Enemigo es aquel que tiene mala voluntad y desea la destrucción de su contrario y hará todo para que esto ocurra. En la Biblia se reconoce que nuestro adversario es Satanás. Las Sagradas Escrituras dice que es el que “peca desde el principio” (1 Juan 3:8b, versión Reina-Valera), y sabemos que el pecado es sinónimo de muerte eterna.

Y que mejor victoria puede tener un enemigo que la muerte de su contrario. El diablo no puede destruir a Dios, pero ataca y desea matar y arruinar lo más preciado para el Creador;  nosotros, Su amada creación.

Satanás vive toda su guerra para que que su falso triunfo se mantenga y lo hace buscando que el pecado reine, porque así  establece su poder sobre quienes se ejercitan en él.

Por eso, quienes viven bajo la destrucción del Diablo verán reducido su tiempo en la Tierra al momento en que, con temor y terror se enfrenten a la muerte y  entonces, solo entonces, el triunfo de este adversario quedará sellado por la eternidad.  (Hebreos 2:15).

Sin embargo, los hijos de Dios no vemos reducida nuestra existencia a ese instante, tenemos la certeza de la vida eterna, obtenida a través del sacrificio de Jesús, “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. (Juan 3:16, versión Nueva Versión Internacional).

Además, Su gran amor  nos da la certeza de un triunfo más que grande: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.(Romanos 8:37, versión Reina-Valera).

Así que, somos llamados a ser los mejores adversarios de este ángel caído (Ezequiel 28:11-19), quien es el perfecto derrotado como lo describe Jesús en el Evangelio de San Lucas 10:18.

Nosotros, los Hijos de Dios, somos llamados a ser hostiles ante quien desea nuestra destrucción y  sobre todo porque  el diablo es el enemigo  de nuestro Salvador. Debemos ser los mejores adversarios que Satanás enfrente, porque somos llamados a reafirmar su fracaso a cada momento y, para eso el Señor, como buen estratega, nos ha dejado en Su Palabra tácticas para destruir al Maligno que controla el mundo (I Juan 5:19).

oracion_2La primera  arma de esta estrategia es la oración. En  la parte final de Santiago 5.16 nos dice: “La oración del justo es poderosa y eficaz” (versión Nueva Versión Internacional). A lo largo de las Escrituras encontramos ejemplos de cómo el poder de la oración derrota las maldades del diablo, uno de ellos está en el libro de Daniel, en el capítulo 10 se nos ilustra que cuando oramos generamos conflicto en los ámbitos celestiales y las obras del enemigo son arruinadas.

En este relato el profeta nos dice que después de 3 semanas de oración y ayuno “un hombre vestido de lino, con un cinturón del oro más refinado. Su cuerpo brillaba como el topacio, y su rostro resplandecía como el relámpago; sus ojos eran dos antorchas encendidas, y sus brazos y piernas parecían de bronce bruñido; su voz resonaba como el eco de una multitud” (Daniel 10:5-6, Nueva Versión Internacional), le dijo:”no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia”. (Daniel 10:12-13)

Imagina que hubiese pasado si el profeta no hubiera orado, quizá la revelación de Dios no habría llegado, al menos no a través de Daniel.

En el Primer Libro de Reyes 18:20-46  también se nos ilustra el poder de la oración cuando Elías derrotó a los profetas de Baal que habían desviado a la nación de Israel, sin embargo, la poderosa petición del profeta fue respondida y el pueblo reconoció que Jehová es Dios.

En Filipos Pablo a través de la oración liberó a una joven de un espíritu de adivinación e igualmente fue libertado, juntamente con Silas, a través de un terremoto de la cárcel y  después el carcelero y su familia fueron salvos del reino de Satanás.

Con estas dos ilustraciones podemos ver que cuando oramos nos volvemos los mejores adversarios contra el diablo, el es nuestro enemigo y nosotros el de él, así que, propongámonos ser los mejores y consolidemos la victoria de Jesucristo, “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:15, versión Reina-Valera).