Me Quedé sin Palabras

Conducía por una calle de la ciudad de Guatemala, cuando vi hacia arriba. En una terraza había un perro. Desesperado por el calor de mediodía, el pobre animal caminaba. Se pasaba a la cornisa de la otra casa, jadeaba y podía verse su desesperación.

No pude seguir, paré y me dije quizá los dueños no se dan cuenta y toque la puerta. Nadie abrió. Decidí dejar una nota. Cuando lo hacía la puerta del carro se cerró. Llaves, teléfono todo adentro.

Justo, cuando con mi cara de asustada decía ¿Y ahora qué hago Dios? Los dueños del perro salieron de su casa. Decidí hablarles y con calma les pedí que tuvieran compasión del pobre perro. Era una pareja, el hombre se justificó, la mujer dijo que tenía razón. Pero al final caminaron hacia una tienda cercana. No hicieron nada por el pobre animal y yo… con el carro cerrado.

Pasó un joven y después de explicarle lo que me había sucedido, le pedí que me regalara una llamada, para pedir ayuda. Con amabilidad me dejó llamar. Sin embargo, a veces Dios no permite que la ayuda llegue de dónde la esperabas, para que conozcas su poder y soberanía.

El tiempo pasaba y la ayuda que pedí no llegó. En la tienda había un  policía, le pedí ayuda. Trato, pero, no pudo. Entonces le pedí prestado su teléfono, pero, me dijo que no tenía saldo.

Quise comprarle una recarga y nos dirigimos a la tienda, pero, el tendero no vendía para la compañía de celular que le daba el servicio al policía. Le pedí a él que me ayudará, pero, no quiso, esto, a pesar que también le ofrecí comprarle una recarga, para su móvil, que sí era la empresa de telefonía que vendía.

Entonces, el policía me dijo ―venga seño, le voy a hablar a un mecánico que vive por aquí. Nos dirigimos a una casa. El mecánico dijo que sí me ayudaría, pero, agregó que cuánto le pagaría. Le pregunté que cuánto quería. Pidió una cantidad que era más de lo que cobraría un cerrajero.

Le agradecí y decidí llamar al cerrajero -cuando encontrara un teléfono-. Pero, me dijo vamos a ver y luego hablamos. Le  di las gracias, con la previa que no me era posible pagarle la cantidad que pedía. Caminó con un desarmador y un alambre en mano hacia mi carro.

Cuando con el destornillador se disponía a levantar la pestaña del carro, le pregunté si no había otra forma, porque luego tendría que repararla. Su respuesta fue ―yo hago estas reparaciones, nos podemos arreglar cuando termine.  Al oír eso, pensé, este hombre se quiere aprovechar y de alguna forma obtener alguna ganancia. Entonces le pedí que no lo hiciera y le agradecí de nuevo.

Se enojó y caminó hacia su casa, cuando iba a cruzar la calle, le pedí que me dejara al menos el alambre. No quiso. Le insistí y regreso y me lanzó el cable y logré cacharlo. En ese momento, atrás de mí carro se parqueó una camionetilla. Yo pensé ―quieren entrar al parqueo de su casa y mi carro está frente a él. Así que fui y les explique el problema, a la vez que me disculpaba.

Era una familia y me dijeron ―no tenga pena, no somos de aquí, de la capital. Estamos haciendo una llamada, porque venimos a ver a unos amigos y nos perdimos (sic).  Con esa aclaración me despedí  y decidí ver que tan diestra podía ser para abrir un carro.

Oré y dije: ―Jesús, Tú tienes que abrir este carro, sino tendré que caminar y buscar un teléfono público y conseguir algún cerrajero. Después de 5 minutos de batallar con el alambre, el señor de la camionetilla se acercó y me dijo la voy a ayudar.

Me explicó que las puertas de los carros se expandían si se habría de la esquina superior de la ventana y que haría eso, para luego meter el alambre y levantar el seguro del vehículo.

Yo escuchaba su explicación, a la vez que me hablaba, se inclinó y pego su cara al vidrio, para ver donde estaba el cierre. Entonces vio las llaves del carro sobre el asiento del copiloto.

Me vio y me dijo, mejor sacaremos las llaves. No sé que pasó, pero, me sentí tranquila que lo hiciera. Así que, con desarmador en mano empezó a abrir la esquina superior de la ventana. Su hijo de unos 14 años, metió una chumpa, para que funcionara como una cuña y no regresara la puerta y yo introducía el alambre.

En ese momento, no sé de dónde, apareció un joven que decía déjeme ayudarles y me pagan algo, para que así pueda comer. Yo le dije, gracias, pero, ahora no señor.

Por 10 minutos más, el señor movía el cable y yo con mi cara pegada al vidrio le daba instrucciones hacia donde. Mientras lo hacíamos y escurríamos en sudor, el joven no dejaba de hablar, yo pensaba Jesús esto es algo surrealista y luego, volví a pensar en el pobre perro, bajo ese calor.

¡Lo logramos! las llaves pasaron y justo la puerta se expandió y luego regresó a su posición normal. Mis palabras de agradecimiento no paraba en mi boca y luego les dije: Déjeme agradecerle a su esposa también. Ella había, pacientemente, había  esperado dentro de su carro.

Ambos padre e hijo ingresaron al vehículo. Me acerqué a la ventana y le agradecí a la señora. Ella me dio la típica respuesta chapina: No tenga pena, un gusto.

Volví a agradecerle al señor que, ya había encendido el carro, y  me respondió nos vamos, ya sabemos dónde está la casa de nuestros amigos. Yo volví a agradecerles y entonces me dijo ―¡Sí! Me dijo esas palabras que me dejaron a mí sin ellas: ―“No tenga pena, nosotros servimos a Dios”.

Se marcharon. Con sus manos se despidieron de mí y yo no supe que decir. Solo cuando subí a mi carro pude alabar a Dios y hasta hoy, sigo sin palabras para responder.

Cómo hacer un Devocional Diario

devocional

Si deseas hacer de la oración parte de tu vida, te comparto algunos pasos que me han ayudado a hacerlo.

Primero, te recomiendo que escojas un lugar donde puedas orar y meditar con la Palabra de Dios.

Debe ser un espacio en donde puedas orar sin interrupciones y que tú tampoco lo hagas. Recuerda tú hablarás con Dios y Él también lo hará contigo.

Puede ser tu sillón favorito, la sala, tu habitación, en el carro, por si llegas temprano al trabajo. A mi me encanta orar en el comedor, porque tiene una ventana grande que me permite ver el jardín y en este espacio nadie me interrumpe.

Ten un cuaderno para hacer tus anotaciones. Estas incluirán tus peticiones, respuestas y lo que Dios hablé a tu corazón. Te recomiendo que las escribas con fechas.  Esto te ayudará a ver como Dios obra y en el tiempo que Él responde o no, a lo que has pedido.

Además, cuando escribes  puedes verlo como pasos de fe, porque cuando tengas respuestas podrás testificar de ello.

Estos son algunos pasos que me ayudan a orar. No están escritos en piedra, son sugerencias. Sé que si haces de la oración parte de tu vida encontrarás los propios.

  1. Principia este tiempo alabando y dando gracias a Dios
  2. Ora para que el Señor te dé sabiduría y revelación conforme hablas con Él.
  3. Invita al Espíritu Santo para que te ayude a orar y que te muestre el corazón y la voluntad del Padre.
  4. Presenta tus peticiones, estas pueden ser por tus seres queridos, por quienes no conocen a Jesús como Salvador, tus necesidades etc.
  5. Si puedes tener pasajes bíblicos para respaldar tus peticiones, esto le dará poder a tu oración. Recuerda que la Palabra de Dios es nuestra poderosa espada y es más cortante que cualquier espada de dos filos. Por ejemplo, si estas pidiendo por un trabajo o provisión podrías orar y luego afirmar diciendo porque Jesús en Tu Palabra dice: “He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan. (el Salmo 37:25,Nueva Versión Internacional).
  6. Cuando termines, toma un tiempo en silencio, para oír lo que Dios quiere hablarte. Este momento es clave, podría tomarte varios minutos, pues, debes agudizar tus sentidos espirituales.
  7. Cuando Dios te haya hablado anótalo. Podrás revisar si viene de Dios y meditar en ello. Una forma de saber si lo que recibes  es porque Dios  te lo dijo, es que esté respaldado por Su Palabra. Él jamás te dirá algo contrario a lo escrito en la Biblia

Por último ten presente que orar es tener fe, pues, la oración no es solo presentarse ante Dios, sino la elección que hacemos de creer que Jesús hará lo que dice que hará. Hebreos 11:1

 

 

Metas: Esperanza

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¿Qué esperas el año entrante? o no esperas nada. De acuerdo a los especialistas tener esperanza es una necesidad psicológica, porque siempre toda persona quiere tener alguna idea del futuro.

Aun, quienes están frente a la muerte esperan algo después de ella. Por eso, el apóstol Pedro continúa en su epístola: “…Pongan toda su esperanza en la salvación inmerecida que recibirán cuando Jesucristo sea revelado al mundo. (1 Pedro 1.13b Nueva Traducción Viviente)

Y ante la llegada de un nuevo año, las esperanzas siempre salen de la cabecita de cada uno. Y de acuerdo a los expertos estas pueden ser: justificadas, transitorias e ilusorias.

Las justificadas, es cuando ya se ha recibido u obtenido algo y solo se tiene la expectativa de cómo será. Por ejemplo, iniciar en un nuevo trabajo o puesto laboral, el inicio del proyecto tan anhelado de realizar o la carrera universitaria,  si me boda se acerca, cómo será mi vida matrimonial, cómo seré de padre o madre.

Transitorias son las que se esperan ver cumplidas: el ofrecimiento de aumento salarial, el inicio de un viaje, graduarme y otras.

Y las ilusorias, son con las que solo se sueñan, pero, no se sabe cómo sucederá. Por ejemplo: Tener una casa o conocer al amor de tu vida.

Toda persona ha tenido o tiene estos tres tipos de esperanza. Sin embargo, hay una que no todos tienen: la eterna.

Es aquella que sin importar lo que enfrentes en cada nuevo año o etapa de tu vida, te sostiene y es segura.

2No es condicionada por ninguna circunstancia o posibilidad humana. Tampoco depende de lo que posees, ni de lo que seas capaz de hacer o no, menos aun de lo que otros puedan. No ocurre producto de tu temperamento.

Las tres primeras siempre tienen el riesgo de agotarse, el trabajo no era lo que esperabas o no es suficiente, quieres más. El aumento llegó, pero, tampoco era la cantidad deseada y esto afecta tus otras esperanzas, o los años se han ido y  el amor no aparece.

Sin embargo, la eterna es aquella basada en el Dios viviente. Es cuando tenemos la certeza de que Él actúa e interviene en nuestras vida, porque llevará a cabo lo que prometió.”Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. (2 Corintios 1:20, Reina-Valera 1960).

Te has preguntado por qué la fe de Abraham de que tendría el hijo de la Promesa, no decayó.   Porque: “El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia”. (Romanos 4:18, Reina-Valera 1960).

Tienes planes, metas, sueños, haz que ellos estén basados en la esperanza eterna del Único que te los puede hacer realidad. Cristo.

Él es el mejor ejemplo de esperanza. Hoy puedes  preguntar quién cree en la Humanidad y un 3alto porcentaje te dirá nadie o los pocos optimistas que quizá en algunos cuantos.

Pero, Jesús no solo creyó, lo demostró y por eso dio su vida por todo el mundo (Juan 3:16), para ofrecer a cada uno esa esperanza eterna.

Para los cristianos todas las esperanzas son en Cristo ¡Sí!  Por ello, en mi caso, sé que enfrentaré dificultades el próximo año, pero sé  también que, puedo esperar más bendiciones futuras, aunque por el momento permanecen invisibles, pero, jamás se agotarán.

Por ello me sostengo en que:“Recibimos esa esperanza cuando fuimos salvos. (Si uno ya tiene algo, no necesita esperarlo;  pero si deseamos algo que todavía no tenemos, debemos esperar con paciencia y confianza).  Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios. Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor de muchos hermanos”. (Romanos 8:24-29, Nueva Traducción Viviente).

Metas:Inteligencia y Dominio Propio


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Recuerdo cuando salió el primer cubo Rubik, era una niña y fue la sensación ¡ Todos querían armarlo! Sin importar la edad.

Entre las cualidades  para lograrlo era la inteligencia y el dominio propio. No todos lo logramos.

Pero, te has preguntado a dónde llegarías con estos dos rasgos de carácter, además de solo armar este juguete. Yo sí.

Por eso, cuando leí la siguiente parte en la primera epístola del apóstol Pedro, empecé a meditar en el interés de Dios en que sus hijos tengan estas dos cualidades.

“Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio…” (1 Pedro 1:13a Nueva Traducción Viviente).

El diccionario define inteligencia como la capacidad de entender o comprender y/o resolver problemas. La habilidad, destreza y experiencia.

A lo largo del 2017 enfrentaremos retos para alcanzar nuestras metas o sueños. Así que, las preguntas obvias son ¿Qué hacer? ¿Cómo resolver? ¿De dónde vendrán nuestras destrezas para solucionarlo?

El salmista escribió “De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira”. (Salmo 119:104, Reina-Valera 1960).

Por tanto, mi meta este año será, continuar leyendo la Biblia, para que esa inteligencia que muchos no comprenden o creen arcaica, sea aquella, por la que después, todos te preguntan cómo lo hiciste.

En cuanto a dominio propio el diccionario dice:”Poder que alguien tiene para usar y disponer de lo suyo”.

Poder, ¡Sí eso!  Eso es lo que necesitamos en especial cuando enfrentemos un problema, un señalamiento injusto, una enfermedad o sencillamente que las cosas no hayan salido como yo esperaba. En Cristo Jesús podemos tenerlo.

El apóstol Pedro sabía bien de lo que  escribía. Durante los tres años que acompaño a Jesús, muchas veces la carencia de dominio propio lo llevó a actuar con impulsividad. Incluso en las horas previas a la crucifixión de Cristo.

Pero,  sabemos que después de un momento muy doloroso aprendió lo que era el dominio propio.

El apóstol se convirtió en la Petra o Roca como lo llamó Jesús. Las tormentas, los sufrimientos, las cárceles y persecuciones que vinieron no lo hicieron perder el control. Por eso,  pudo continuar  firmemente con su llamado, sin caer en emocionalismos, depresiones, enojos o frustraciones.

Cuántas veces hemos perdido oportunidades únicas o vuelto a empezar, porque perdimos el control. Oremos para que Su Espíritu Santo nos ayuden a gobernarnos a sí mismos.

Es importante mantenernos sobrios, serenos, calmados para que esa inteligencia divina nos ayude a pensar con buen carácter.  Pues, ” una persona sin control propio es como una ciudad con las murallas destruidas”. (Proverbios 25:28, Nueva Traducción Viviente).

Dios desea que sus hijos cumplan su propósito, alcancemos nuestras metas y sueños. Su Palabra nos llevará a hacerlo. ¡Tenlo por seguro!

 

Paso 5 para Mantener la Paz en Navidad

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  1. ¡Celebra!

Este es mi último paso para este tiempo. No importa cuándo nació Jesús, sino lo que su nacimiento hizo. ¡Celébralo!

Es justo el momento en que Juan 3:16 se cumplió: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Claro que no quiere decir comer por hacerlo, beber o hacer cualquier cosa que no traiga paz a tu familia y amigos.

Si dejas que tus emociones te controlen al celebrar, perderás la paz.

Por eso en esta época muchas personas beben licor, porque hay que celebrar, olvidar algún dolor o cualquier excusa emocional. Comen porque hay que hacerlo.

Celebra dando paz y alegría a quienes te rodean  ¡Lo lograrás si te lo propones!

Si Jesús habita en tu corazón tus pensamientos, acciones y actitudes lo reflejarán.

Podrás dar paz y no tristeza o dolor a quienes están contigo.

 

 

Paso 4 para Mantener la Paz en Navidad

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4. Sé la Paz:

Estas en lo mejor, todo lo que planificaste camina bien y de repente, algo sucede: el tráfico es una larga cola de vehículos, los niños pelean, tu esposo está malhumorado, tu mamá dice algo que no esperabas, las tiendas están llenas de personas que, sin control miran y buscan algo que comprar ¿Qué haces? Te enojas, frustras o incluso explotas.

Si has practicado los últimos tres pasos, recuerda que tú, ¡Sí tú! Eres la o él que traerá paz. Si hay tráfico que puedes hacer, bocinar, vociferar. Si los niños pelean qué harás gritarles y si tu esposo o mamá o alguien no te apoyan qué vas a hacer.

Esta semana me ocurrió algo similar. Me dirigía a dar mi clase, cuando una tradicional  procesión del 12 de diciembre pasaba por las calles, donde usualmente paso. La policía de tránsito había parado el tráfico. Me dije: ¡Ay Dios se me olvido! Debí haberme ido por otras calles.

Un poco preocupada avisé a mi estudiante que llegaría tarde. Su respuesta me sorprendió y ánimo: “Al menos puedes disfrutar la vista”. Si así era, no podía hacer más.

Cuando ocurra algo que amenace la paz del lugar donde estés, no lo permitas, pues esta no es circunstancial, es algo real en tu corazón, pues, Jesús el Principe de Paz está en ti y contigo.

 

Paso 3 para Mantener la Paz en Navidad

3:Su presencia está contigo:

Si has practicado a diario los pasos 1 y 2 tu mente y corazón debe estar preparados para que la presencia de Jesús sature tu ser. Si esto ocurre las actividades del día ¡Serán diferentes!

No importa que actividad realices: limpieza, cocinar, contestar tus correos electrónicos, atender el teléfono, atender a los clientes, a tu jefe, compañeros de trabajo o a tu familia, bordar, hacer ejercicios en fin toda actividad que hagas ten presente: Cristo está ahí, presenciacontigo.

Dios está contigo y quiere ofrecerte su compañía, el reto que tenemos es que se lo permitamos.

A veces yo bromeo con mis amigos que en mi casa habló con Dios y con mis perros, pero, realmente es así, porque ellos están ahí conmigo.

Una forma de que aceptes la presencia de Jesús en tus actividades es que, hables con Él como que estuviera ahí a tu lado en carne y hueso.

No es que actúes como una o un loco, sino sencillamente piensa Él está aquí conmigo. Cristo ve como hago cada cosa, observa cada uno de mis detalles, palabras y actitudes.

Recuerdo una ocasión que salí de un lugar y llovía a cantaros, no tenía sombrilla y debía irme para mi próxima clase. Sin meditar en nada en voz audible le dije Jesús: puedes detener la lluvia para que llegue a mi carro sin mojarme. En ese instante un hombre me dijo- le estás hablando a Dios. No me había dado cuenta que él estaba ahí, pero sin dudarlo le dije -Sí.

Me vio asombrado y me dijo y crees que va a contestarte y justo en ese instante la lluvia paró. Así que, señalé hacia afuera y le dije – Sí. Me vio, sonrió y no dijo más, no sé que habrá pensado este hombre, pero camine hacia mi vehículo y dije: Gracias a Dios que tu presencia siempre esté conmigo.

Aun ahora, en las locuras de las compras, en atender a tus amigos, familiares a ti misma o mismo, pide que la presencia de Jesucristo esté contigo.

Para esto vino al mundo para darte salvación y una vida plena con su presencia.

Paso 2 para mantener la paz en Navidad

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2. Enfócate:

Otra forma que practico para mantener la paz en Navidad y en las carreras de fin de año es, mantenerme enfocada en el propósito de la celebración: El Nacimiento del Principe de Paz, Jesucristo.

“Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros,y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso,  Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6)

Tomar un tiempo en oración agradeciendo que el Hijo de Dios se encarnara para darme salvación, vida eterna, amor y paz te aseguro que te mantendrá enfocado y te ayudará a no enojarte, deprimirte o frustrarte.

Algo que me ayuda a mantener esta perspectiva es que coloco mi alarma cada hora o dos y cuando suena, me tomo un momento para agradecer a Dios, por lo que he recibido de Él en ese día.

Tengo que tener la certeza de que a pesar de que hayan cosas que no me gustan Dios sabe lo que es bueno para mí. Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11) y “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” (Romanos 8:28).

Paso 1 para mantener la paz en Navidad

No sé ustedes, pero en este tiempo, además de experimentar la alegría de la llegada de la Navidad, también algunos solemos estresarnos, otros se entristecen y muchos se enojan o frustran.

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  1. El Silencio:

Comienza el día con un tiempo de silencio. Abre tus ojos y ¡No hables! Piensa en Dios. Mira alrededor, quizá por la ventana. Ve que has sido bendecido con amanecer vivo, ¡Con bien! Y piensa cuántas oportunidades te dará Dios hoy, para disfrutar y bendecir.

Si estas enfermo o te aqueja algo, igual agradece y pide a Dios te sane o restauré ¡Qué más puedes hacer! ¿Quejarte! ¿Deprimirte? Creo que la primera opción es mejor.

Recuerda ¡No hables! ¡No pongas la radio o la televisión! Solo medita en lo maravilloso que es Jesús: Te ama tanto que está ahí contigo y cuido tu sueño.

Toma cinco minutos para  leer una porción de la Biblia ¡No hables! En ese silencio Dios te hablará y podrá revelarte cómo será tu día, te dará instrucciones o sencillamente en la calma y ausencia de sonidos te reconfortará y te dará fuerzas para el nuevo día.

Luego, si vives en familia ve y abrázalos, ¡No hables! o hagas ruido. Ellos aun están soñolientos y para nadie es placentero le interrumpan el sueño con sonidos, un abrazo siempre reconforta.

Si vives solo, no te preocupes desde la distancia bendice a tu familia y amigos, sin importar cómo han sido ellos contigo.

Mañana te compartiré otro paso.

4 tips para cristianos estresados

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Me ha ocurrido y sé, no soy la única que una y otra vez trata de poner “al día” su vida.

Sin embargo, el  estrés no puede ser parte de la vida de un cristiano.

¡Sí! Aunque no lo creas. Para Dios tu vida es mucho más valiosa que una lista de tareas que quieras alcanzar o cumplir. Por ello, dejo escrito en Su Palabra: “Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy” (Mateo 6:34, Nueva Traducción Viviente).

No es fácil, recordar este texto de la Biblia. Yo tiendo a olvidarlo y he visto a pastores, líderes y varios cristianos estresados por lo mismo. Cuando hablamos de esto, ellos  me han compartido los resultados: cansancio, ansiedad, frustración, alteraciones en el estado de ánimo, no se tienen paciencia con las personas y mucho menos con la familia.

En mi caso, en mi afanada y alterada visión  comencé a ver que las personas trabajaban lento. Entraba a una tienda y miraba que el vendedor lucía lento y perezoso o en un banco veía al personal desperdiciar el tiempo.

Así que, cierto día, antes de entrar a una tienda Dios me dijo: mira tu reloj, lo hice con rapidez. Cuando entre ocurrió el mismo “fenómeno” todos trabajaban lento. Cuando salí  de ese “tardo lugar”,  el Señor me dijo: mira otra vez tu reloj. Había estado solamente siete minutos. Para mí habían sido siglos.

Dios me habló ¡Claramente! Estaba bajo el cruel látigo del estrés. Sino paraba, dañaría mi vida más de lo que ya lo hacía. Así que inicie el proceso de librarme de este despiadado afán.

Te comparto cuatro pasos que estoy practicando, para alcanzar la serenidad, y así disfrutar el día que Dios me da. Y sobre todo, conseguir la  paz necesaria en mis pequeños retos.

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  1. No digas “tengo que…” mejor “Hay que…”: Esto me ayuda a ver que no estoy haciendo las cosas sola. Primero, El Señor está conmigo. Él es único dueño del tiempo y el Que tiene control de él. Segundo puedo ver que quienes están a mí alrededor, Dios las ha puesto para ayudarme, aunque a veces piense que no es así.  “Si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores silvestres que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe?(Mateo 6:30, Nueva Traducción Viviente).
  2. Haz pequeñas pausas en lo que haces: Y eso involucra no hacer nada que impliquen algo similar a lo que realizas en el trabajo o tareas diarias. Por ejemplo, ver los mensajes en el celular, no es una buena idea. Una pausa es para desconectarte de las tareas o cosas que haces continuamente. Podrías dar gracias a Dios por algo que recibiste ese día, la gratitud libera. Comer y saborear un pequeño snack. En mí caso me encantan los licuados, así que, me siento, lo bebo y  disfruto. En este link encontré recetas de jugos que además, son anti estrés. Lo importante es que te detengas y  disfrutes algo bueno o genial. ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?(Mateo 6:27, Nueva Traducción Viviente).
  3. Acepta lo que no puedes cambiar: Hace unos días había planificado realizar una diligencia y cuando llegue al lugar me dijeron que, la persona estaría en una reunión por tres horas. Por unos segundos pensé, me atravesé media ciudad en el abrumador tráfico y… No seguí, paré y dije: No puedo reponer el tiempo, Dios tiene control. Deje de afanarme, salí y me tome una pausa. Oro que Dios me ayude a reaccionar  siempre así.
  4. Haz lo que realmente importe: Es bueno preguntarse si lo que estoy haciendo me ayuda a alcanzar el propósito de Dios en mi vida. Si no… evalúo hacerlo después. No permitas que lo prescindible acapare el tiempo de lo que en verdad importa. Si pudieras tomarte un momento para revisar las cosas que haces y determinar si te están ayudando a cumplir el propósito de tu vida, podrías a enfocarte mejor. Me he dado cuenta que si no hago esto, mi existencia se reducirá a tachar tareas hechas. No me interpretes mal, claro que es bueno planificar nuestras actividades. Pero, en mi caso no quiero presentarme ante mi Salvador solo habiendo hecho eso. “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy”. (Mateo 6:33-34).